Ubicado en el piso 31 sobre Paseo de la Reforma, el proyecto parte de una lectura del contexto urbano como activo principal. Las vistas panorámicas a la Ciudad de México no son un telón de fondo: son parte activa del diseño. Las oficinas privadas se organizan en el perímetro para aprovechar los ventanales de piso a techo y la luz natural, mientras las áreas administrativas se concentran al centro, liberando el contorno y privilegiando la experiencia espacial. La materialidad sobria —maderas profundas, piedra natural y tonos neutros— construye una atmósfera de profesionalidad y confianza. El resultado es un espacio que equilibra transparencia y solidez, reforzando el carácter del despacho desde la arquitectura.




